domingo, 26 de octubre de 2014

La tortilla del mal

Alae se echó a la calle para ver qué pasaba, pero en seguida volvió sin nada nuevo que contar. Daba igual que brillase el sol o lloviese a cántaros. Javi volvía a casa exactamente igual: sintiéndose sólo y amargado pensando que su vida no avanzaba.

-      Todo es cuestión de personalidad, Alae, la tuya tiende a ver lo malo de la vida.

Se repetía al menos dos veces al día. Pero es que era incapaz de conocer chicos en la vida real, y cuando surgía alguna oportunidad, se paralizaba y desperdiciaba el momento. Había tenido mala mala mala suerte. Ya pensaba incluso que hay gente cuya personalidad le permite atraer a otras personas lo suficiente como para poder experimentar relaciones sentimentales estables, y otras que estaban incapacitadas para estar en pareja. Pero no porque fueran egoístas, dejadas o insoportables, sino por otras cuestiones mucho más sutiles que se escapaban a los escrutinios de los psicólogos.

Se han escrito miles de historias de desamor y de personas solitarias, pero Alae no creía que fuese a pasar toda su vida sólo, sabía que eso no iba con él. Sin embargo al borde de los 30 la lúgubre idea de la soltería eterna comenzaba a cuajar en su mente como una tortilla del mal.

-       Tú tranqui, si yo no encontré a mi novio hasta los 31, aún te queda tiempo


Pero Alae no se contentaba con esto, y seguía preguntándose por qué.


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