Entre los chicos de los que Alae se ha enamorado, hay uno
que aún le sigue apretujando el corazón cada vez que lo recuerda. No es fácil
para Alae olvidar a un chico de mirada felina, pelo castaño rizado en bucles, labios
cremosos y una personalidad arrebatadora. Uno de esos hombres nacidos para
gustar.
No duró demasiado. Lo conocía desde hace mucho tiempo. Era
compañero de facultad de su mejor amigo, y tardó mucho en dar el paso adelante.
Era tan apabullantemente perfecto para él, que nunca se le pasó por su cabecita
que algo entre ellos pudiera ocurrir. Al principio incluso ni le gustaba. La
primera impresión que tuvo del leonino muchacho fue de ser un exasperantemente
contestatario vacío con cierta tendencia a la arrogancia.
Con chicos así es con los que se corre el peligro de perder
los papeles. Y Alae, sin quererlo, los perdió. Esperó por él, lo trató con
paciencia, pero este chico ni su situación laboral y personal hicieron mucho
por evitar que todo saliera bien. Resulta que mientras salían, el chico de
labios cremosos había comenzado una beca muy exigente, y cuando no estaba
trabajando, estaba demasiado cansado para llevar una vida normal de novios.
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